Yvonne Denis

Escritora – Puerto Rico

Capá Prieto

Una flor vuela hasta ti

por  | 24 de Marzo de 2017

La narrativa alusiva a procesos, sucesos y personajes históricos ha contado siempre con legiones de lectores  interesados y entusiastas. El éxito de este tipo de literatura no he dejado de incrementarse, desde que Stefan Zweig, Alexei Tolstoi, Marguerite Yourcenar, Valerio Massimo Manfredi y tantos otros ejercieron su magisterio en el arte de combinar el respeto a los principios elementales de la historiografía  con la angustia del drama y la trepidación de la aventura.

A partir del siglo XIX, el oficio de historiador y los estudios de Historia se masificaron, a medida que progresaban estrategias de urbanización y programas de escolarización masiva y los países que conquistaron estatus republicano incorporaban tal materia a los currículos escolares de la enseñanza general, como refuerzo a la construcción de identidades.

Los historiadores, antes instalados en cátedras y cenáculos académicos llegaron, tiza en mano, a escuelas de las más apartadas geografías, produciendo de inmediato una palpable diversificación del saber, al sumar a las letras y los números categorías filosóficas, criterios de periodización, métodos de análisis cualitativo y una amplia gama de herramientas cognoscitivas.

Pero no todos aspiraban a adquirir el gran calado intelectual de los conocimientos especializados y la llamada literatura histórica se convirtió en refugio de los menos cultivados, los más soñadores o, sencillamente, de aquellos que prefieren probar diferentes senderos de una misma ruta para hacerse más sabios.

Como en el resto del planeta, en Cuba gustamos mucho de las biografías, la narrativa histórica y los ensayos de similar perfil que se dejan “contaminar” por otros géneros. Es esa una de las razones por las que auguro una buena recepción entre los lectores cubanos a Capá Prieto, primer libro de cuentos de la puertorriqueña Yvonne Denis Rosario, autora cuya poesía es conocida en su país y ya había anunciado nuevos derroteros con narraciones aparecidas en revistas, tales como: Tonguas, El Cuervo, Cayey y Letras Salvajes.

Bien construido, con avance cronológico y entrelazamiento de las historias que le confieren cierta circularidad, este libro, integrado por doce cuentos, nos permite recorrer a grandes pasos 220 años de historia en Puerto Rico. Comienza con la silenciada participación de los milicianos pardos y morenos en el enfrentamiento a la invasión británica de 1797, y llega hasta este siglo, quizás hasta ayer mismo, pues encontrar en una isla del Caribe un bufete de abogados, todos negros,  para un altanero y sofisticado empresario gringo puede resultar tan inquietante como la derrota de una flota británica ante una milicia de descendientes de africanos.

El libro emprende un recorrido inusual, que suma como protagonista a una insustituible pero olvidable ama de leche –otra gente sin historia–, para introducirnos luego en las modestas vidas de gente que hizo grande a Puerto Rico. Así, admiramos las prodigiosas manos de Felipe Rosario, el autor de Madrigal,  y el tesón de Arturo Schomburg, gran promotor de la cultura negra en las Américas, quien conoció a Martí y Maceo en la emigración, luchó desde el club Las Dos Antillas por la independencia de nuestras islas y cultivó la amistad de Nicolás Guillén.

No esperemos acceder, sin embargo, a las vidas “literaturizadas” de estos ilustres puertorriqueños, pues Yvonne nos llevará hasta ellos a través de senderos ocultos, nos los mostrará desde el ángulo entrañable de quienes –quizás– les conocieron, admiraron o amaron con devoción y hasta con locura. El amor imposible de Felipe Rosario, el encargado de archivo de Arturo Schomburg  y el asesino imaginario de la gran poeta y singular mujer que fue Ángela María Dávila, se las agenciarán para contar historias que no encontraremos en ninguna enciclopedia o diccionario pero resultan esenciales para recordar y comprender.

Como si retirara un velo con gesto amoroso y delicado, la prosa de Yvonne Denis nos tornará entrañable a gente que quizás no conozcamos, o sobre las cuales nuestros mayores no nos han hablado nunca. Entre ellos, figura el hombre que dio fama a “¿Y tu agüela onde sjtá?”, el poema de Fortunato Vizcarrondo cuyo título los más jóvenes tal vez han escuchado en un estribillo de Rubén Blades. Él se llamó Juan Boria y aunque el cuento recogido en este libro exalta su destreza y modestia en la última de las profesiones que ejerció –encuadernador de libros–, Juan mereció el título de “Faraón del verso negro” porque la crítica de la época le reconoció, junto a Eusebia Cosme y Luis Carbonell, como  parte del trío de grandes recitadores de poesía afrocaribeña.

Cerca de él, Pura Belpré, escritora para niños, titiritera, folklorista y primera bibliotecóloga puertorriqueña en Nueva York, pareciera mover todavía los hilos que hacen caminar a Pérez y Martina. La importancia de su trabajo entre los niños latinos de esa gran ciudad le fue reconocida, poco antes de su muerte con el Premio para las Artes y la Cultura de la alcaldía de Nueva York. Hoy un premio  concebido para escritoras y escritores, así como ilustradoras e ilustradores latinos cuyos trabajos mejor representen y honren la experiencia cultural latina en una obra literaria para niños y jóvenes, lleva su nombre. El Premio Pura Belpré es auspiciado por Asociación Estadounidense de Bibliotecas (ALA, por sus siglas en inglés) y la Asociación de Servicios Bibliotecarios a la Niñez (ALSC).

A estas y otras personas cuyas vidas acarician estas bellas páginas, sus grandes aportes a la cultura no les proporcionaron  riqueza; algunas de ellas ni siquiera dejaron de ser pobres. Desde los barrios en que vivieron nos hablarán a menudo la penuria, la desigualdad, el racismo y la violencia estatal contra los grupos más humildes de la sociedad, porque este es un libro de sosegada pero firme denuncia social sobre las consecuencias de la situación colonial de Puerto Rico, que se nos cuenta, la mayor parte de las veces, desde Santurce o sus inmediaciones. La serena dignidad con que estos personajes asumen su infortunio parece recordarnos que Santurce –antes San Mateo de los Cangrejos– es el único pueblo de Puerto Rico fundado por negros libres.

Les invito a leer este libro que tiene nombre de árbol gigantesco e impresionante tronco. Varios días después de concluir mi lectura, pensaba en las historias que más me conmovieron y busqué información sobre tan raro título. Capá prieto, por sus dimensiones y majestuosidad, es parecido a iroko, nuestra ceiba, y su ritual africanidad es fuente de significaciones parecidas.

Tratando de entender lo que puede no requerir explicación, me pregunté por qué habiéndole encimado otras lecturas, volvían a mi mente estas historias. La flor polinizada de este árbol se seca durante el proceso de fecundación y luego se desprende. Vuela, impulsada por el viento y sus pétalos giran lentamente como aspas de helicóptero. Así sucede con este libro: cuando crees que todo ha terminado, la flor del Capá prieto emprende vuelo, y te acompaña.

Poder, imagen e identidad en Capá Prieto
Dr. Luis Miletti

Resumen
El propósito de este trabajo consiste en explorar cómo los relatos de la colección Capá Prieto de Yvonne Denis Rosario inauguran de cierta manera una nueva visión del negro puertorriqueño en las letras nacionales. Este ensayo examinará las dinámicas del poder, el locus de desarrollo y la identidad e imagen del negro que se presentan en los cuentos de la colección, comparándolos con parte del corpus de la narrativa y del teatro afrolatinoamericanoy afro-puertorriqueño. Con este propósito se examinarán los personajes y se deconstruirán las tramas de los cuentos dentro de varios marcos teóricos.

Al repasar la narrativa y el teatro latinoamericano sobre el tema del negro y su condición, hay cuatro aspectos que siempre están presentes: el poder y sus dinámicas, la identidad, la imagen y el locus, independientemente de si las obras están escritas por autores blancos o negros. Tanto el ávido lector como el astuto investigador de la literatura afro- latinoamericana se percatarían de la ausencia de estos elementos ya que dicha ausencia haría de la pieza literaria una anomalía. En 2010 vio la luz por vez primera Capá Prieto de Yvonne Denis Rosario. Esta colección de cuentos cambia el patrón sobre el tratamiento del negro en cuanto a su identidad, su imagen, el locus en
que se desenvuelve y las dinámicas de poder que rodean su condición. Estos cuentos, como conjunto, presentan una serie de posturas novedosas en la literatura afrolatinoamericana y nunca antes vistas en la literatura afro-puertorriqueña.

El propósito de este trabajo consiste en explorar cómo el nuevo tratamiento que ofrece Capá Prieto de los aspectos antes mencionados inaugura una nueva visión del negro puertorriqueño en las letras nacionales. Este ensayo examinará las dinámicas del poder, el locus de desarrollo y la identidad e imagen del negro que se presentan en los cuentos de la colección, comparándolos con parte del corpus de la narrativa y del teatro afro-latinoamericano y afro-puertorriqueño. Con este propósito se examinarán los personajes y se deconstruirán las tramas de los cuentos dentro de varios marcos teóricos.

Cabe señalar que esta colección se sitúa dentro de la literatura caribeña y
latinoamericana y por consiguiente es apropiado considerarla dentro de ese marco en el análisis final. En cuanto al posible simbolismo del título del libro, vale la pena mencionar que el capá prieto es un árbol nativo de las Antillas, Centroamérica y la mitad norte de Sudamérica. La madera es de excelente calidad y recibe muchos usos, especialmente en la artesanía y la ebanistería. Además, “Capá prieto” fue el nombre de una organización
subversiva del siglo XIX, cuyo líder y fundador fue Emeterio Betances. El propósito de este grupo fue el de conspirar contra la corona española para el procuramiento de la autonomía puertorriqueña. En la obra que se analizará en estas páginas tenemos, simbólicamente, a Yvonne Denis como artesana que talla una nueva imagen e identidad del afro-puertorriqueño. En segundo término, la obra, como la sociedad secreta de Betances, es una colección de cuentos subversiva que conspira contra una imagen y una identidad tergiversada e incompleta del negro, para transcender así los límites insulares de Puerto Rico.

Por otra parte, es necesario destacar también el trabajo del maestro Samuel Lind para la portada del texto, que logra definir y resumir la esencia del libro y de sus cuentos de una manera magistral. Con una base fuertemente simbólica, talla Lind a un hombre negro que emerge de un tronco de capá prieto, así como Denis talla la imagen del negro puertorriqueño en sus relatos. Los pies/raíces del negro, largos y puntiagudos, penetran
la tierra apenas, con sus raíces expuestas, como si el hombre de ébano se hubiera mudado, se hubiera reubicado. De igual forma, en esta obra narrativa de Denis se produce una reubicación del negro puertorriqueño en su terruño borincano. En la pintura de Lind, brotan hojas verdes de las extremidades y de la cara, lo que anuncia el renacer del árbol. Denis, por su parte, hace renacer, con cierto barniz enciclopédico, la historia del negro puertorriqueño. Historiadores perdidos en el tiempo, heroínas de la resistencia, poetas, declamadores, bibliotecarias, abogados, maestros, compositores, archivistas y amas de leche aparecen en sus páginas, esbozando la contribución del negro y la negra en los anales históricos y culturales de la isla.

El primer cuento, titulado “El silenciamiento”, es un es un relato en dos tiempos históricos. La primera parte se sitúa en 1797, cuando Francisco Lanzos, soldado y archivero, decide documentar primero una fiesta en honor a los Orishas y, un día después, un ataque inglés. Lanzos esconde estos pergaminos en un fortín en la isla de San Juan. En la segunda parte, los pergaminos son encontrados por un historiador en el Archivo General de Sevilla y mas tarde éste es apresado en Loiza, Puerto Rico tras haber robado los documentos. En el segundo cuento, “Barrotes olvidados”, la autora
literaturiza al prócer Pedro Albizu Campos. Albizu Campos fue un líder del movimiento pro-independencia de Puerto Rico. Presidió y fue portavoz del Partido Nacionalista Puertorriqueño y fue encarcelado varias veces en los Estados Unidos y Puerto Rico por conspirar contra el gobierno de los Estados Unidos. En este cuento la cárcel La Princesa se convierte en un personaje con voz propia que pondera sobre la situación de Albizu Campos e inclusive habla con él. Es así como sabemos que él es torturado y expuesto a la radiación que finalmente le causa la muerte. En el tercer cuento, titulado “Ama de leche”, Josefa Osorio Villarán es una esclava, luego liberta, que funge como ama de
leche en la familia Gorrión. A finales del siglo XX, un descendiente de Juan Gorrión sueña repetidamente con unos senos negros, y no comprende el significado de sus sueños hasta que un manojo de manuscritos encontrados en la antigua casa de los Gorrión se lo develan. El cuarto cuento, titulado “El turbante del maestro”, es otra literaturización de una figura prominente del Puerto Rico del siglo XIX. Felicita, la hija de Josefa Osorio Villarán, mejor conocida por Maíta, se educa en la escuela del Maestro Cordero. El quinto cuento, titulado “Calle Felipe Rosario Goyco”, trata del amor platónico que sienten una joven puertorriqueña y Felipe Goyco, el famoso compositor
puertorriqueño. El sexto cuento se titula “Roble” y enlaza con el cuento anterior, pues la misma joven relata su vida, principalmente la pérdida de su padre y el final de su vida en la casa que la vio crecer, madurar y envejecer. El último relato, “Periódicos de ayer”, relata la amistad entre un archivador aficionado de Puerto Rico y Arturo Alfonso Schomburg. El octavo cuento es “La cucaracha y el ratón en la biblioteca”, con el que Yvonne Denis continúa su patrón de literaturizar a figuras afro-puertorriqueñas, en este caso a Pura Belpré, quien además de ser la primera bibliotecaria puertorriqueña en la
ciudad de Nueva York también fue escritora y titiritera. El noveno cuento se titula “Inre: Federico Bruma” y aborda la intersección de la vida del acaudalado y corrupto licenciado Bruma con la del afamado declamador puertorriqueño Don Juan Boria. El décimo relato, “Ficha: Angelamaría Davila” se basa en la vida de la poeta del mismo nombre, narrando su presunto asesinato y el suicidio del que la ultimó. El undécimo cuento se titula “Desahucio desde el Palmar” y relata el asesinato a manos de la policía
de Adolfina Villanueva Osorio en un desalojamiento forzoso. El duodécimo y último cuento se titula “Bufete de abogados” y en éste un empresario británico y su equipo de trabajo viajan a Puerto Rico para concretar los pormenores legales en cuanto a la viabilidad de la apertura de una sede de la empresa en la isla. Al final del cuento, el señor Westminster y su equipo de trabajo van a la oficina de los abogados para finalizar los pormenores del negocio y se asombran al conocer a los abogados del bufete porque
todos son negros.

El análisis de las dinámicas del poder en Capá prieto es de suma importancia, ya que el tratamiento del poder en éste es totalmente distinto al que figura en el corpus existente. En el siglo XIX, la literatura expresa el discurso del poder y su proyecto de configurar una nación a semejanza de la metrópolis de la que el negro quedaba excluido. El jíbaro (1849) de Manuel Alonso, El guajiro (1890) de Cirilo Villaverde y Enriquillo (1882) de Manuel de Jesús Galván son ejemplos de esa fabricación literaria que, a medida que pasaba el tiempo, se hizo portadora de la esencia nacional a pesar de su tergiversación de la construcción racial nacional. Estás dinámicas crearon una serie de anomalías en el negro y en la psique nacional, y facilitaron procesos como el del
blanqueamiento o el de la auto-negrofobia. Ya desde finales del siglo XIX algunos negros comienzan a ser parte de la élite intelectual que produce el saber, pero su literatura, aunque inserta al negro en su ficción, sigue manteniéndolo de diversas formas en una posición social subalterna. Como parte de esa élite intelectual, Denis rompe con la óptica tradicional y con la representación que se ha hecho del negro hasta hace poco.

En su obra, el negro no aparece ya en un ambiente deprimente, ni está sujeto a prejuicios, ni se siente menos por ser negro. El poder gubernamental y de las grandes empresas que tanto daño le infligen al negro y que lo mantienen en paupérrimas condiciones de vida en las novelas de la caña, como Over (1939) de Ramón Marrero Aristy, Tiempo muerto (1998) de Avelino Stanley, Azúcar (2001) de Alan Cambeira o La isla bajo el mar (2009) de Isabel Allende, no afectan al afrodescendiente en los cuentos de Denis.
En toda la narrativa y dramaturgia latinoamericana sobre el negro, escrita tanto por negros como por blancos, se presenta generalmente una dinámica del poder, sea política, eclesiástica o elitista, que se transmite a través del texto. A través de esta dinámica convergen en el texto la fuerza, la resistencia y la subyugación; el personaje se ve siempre abocado a la opresión o a la rebelión, lo que limita y tergiversa su representación, fomentando el (auto)menosprecio de su raza y la animalización. Se percibe además un dominio psico-social sobre el negro en la trayectoria de esta narrativa. Baker argumenta que “se hacen evidentes tres categorías de dominación psico-social que pueden ser clasificadas como obediencia, dependencia y control del pensamiento” (35)3. En Capá prieto el negro o mulato no está expuesto, condicionado o transmutado por las dinámicas del poder y sus estéticas. Los personajes principales, e inclusive los secundarios, están libres de estas fuerzas sociales que los vejan. Aunque algunos se reconocen como negros, no se encuentra en la trama ningún factor limitante ni excluyente. Los personajes se mueven a través de sus respectivas historias como parte
de la máquina del poder más que de su engranaje. Aún la esclava, luego liberta, Maita tiene la libertad de escoger su empleo y su futuro. En los cuentos de Yvonne Denis los discursos del poder son casi imperceptibles y no se ensañan contra el negro.

En la obra de Denis hay solamente tres cuentos que consideran el poder y sus
dinámicas. “El silenciamiento”, “Barrotes olvidados” y “Desahucio desde el Palmar”. En “El silenciamiento”, el título implica de entrada que para haber silenciamiento tuvo que haber habido una voz. La voz histórica de Francisco Lanzos. Este deja registrada para la posteridad la defensa de la ciudad de San Juan por una unidad de pardos y deja como legado el recuento de una celebración de corte religioso afro-puertorriqueño del siglo XVII. El poder no afecta al negro en la primera parte del cuento. El poder se reduce a una confrontación entre la fuerza y la resistencia cuando los británicos son
repelidos por los pardos del patio. En la segunda parte del cuento es con el castigo que el poder se expresa. El Dr. Francisco Santaella roba los escritos de Lanzos del Archivo Histórico General de Las Indias en Sevilla para ser luego aprehendido en Puerto Rico cuando trataba de viajar a los Estados Unidos, siendo eventualmente extraditado a España. Tanto la disciplina que condena el acto de robar como el castigo por encarcelamiento son herramientas del poder. El castigado no es un negro, o por lo menos no sabemos si lo es. Esto de por sí rompe un patrón en la literatura afrolatinoamericana.

El tema de este cuento no se debe de tomar como una imposición del
poder, si no como el olvido de un documento en el Archivo Histórico General de Las Indias tras haberse encontrado en uno de los muros de una fortificación que se había restaurado. “En barrotes olvidados”, el poder y sus discursos toman un matiz político. A pesar de que el encarcelado es un afro-puertorriqueño, la razón de su reclusión no es racial. Ambas partes, el gobierno y Albizu Campos, pueden ser víctimas o victimarios y héroes o antihéroes, dependiendo de la inclinación política del que los examine. Albizu
Campos, graduado de derecho en Harvard y veterano de la Primera Guerra Mundial con el ejército de los Estados Unidos, fue el líder pro-independentista más prominente de Puerto Rico y trató de combatir el colonialismo. Albizu viajó por toda Latinoamérica en busca de apoyo para la lucha por la independencia. Al regresar a Puerto Rico en 1930 fue elegido presidente del Partido Nacionalista Puertorriqueño y fue acusado de autor
intelectual de dos masacres en Puerto Rico y de un plan para asesinar al Presidente Harry S. Truman en el 1950. Desde 1936 y durante veinticinco años, Albizu Campos pasó su vida entrando y saliendo de la cárcel. El cuento de Denis presenta el último de estos encarcelamientos, cuando fue expuesto a la radiación que le causaría la muerte después de ser indultado por el gobernador Luis Muñoz Marín. En este cuento tenemos la dicotomía de poder/resistencia entre el estado y el sedicioso o entre el libertador y el
imperialismo.

En el último relato, “Desahucio desde el Palmar”, es donde el poder se hace más palpable, aunque la mujer asesinada durante el desahucio que lleva a cabo la policía no es ultimada, a nuestro entender, por el color de su piel, sino por su clase social. En cuanto al tratamiento del poder se refiere, Denis logra una vez más disociar al afropuertorriqueño de una trama negativa. Adolfina Villanueva Osorio es una víctima más del abuso del poder y de la brutalidad policiaca que hasta el día de hoy se denuncia en los diarios del país. El análisis de los discursos del poder en la literatura afro latinoamericana es de suma importancia para el entendimiento de la identidad del afrodescendiente
y su desarrollo en ella.

Entendemos la identidad como todo lo que hace a un ente reconocible e
identificable. La identidad abarca tanto cómo la persona se ve a sí misma como su concepto de individualidad y afiliación con un grupo. El término proviene del sustantivo latino identitas, una derivación del adjetivo idem que significa “lo mismo”. De manera que la identidad implica tanto lo personal como lo relativo al grupo, ya que también enfatiza el compartir cierto grado de igualdad de características. El proceso de formación de esa identidad en el negro en Latinoamérica se problematiza tanto en tiempos coloniales como poscoloniales. Podemos ver ejemplos en la literatura latinoamericana de ambos modos de formación de esa identidad en el negro. De acuerdo
con Weinreich y Saunderson, “la formación de la identidad propia tiene lugar a través de la identificación que el sujeto realiza con otras personas importantes para él (fundamentalmente con los padres y con otros individuos durante sus experiencias biográficas, y también con “grupos” que son percibidos de manera específica).

Algunos de estos ‘otros’ pueden ser positivos en tanto que uno aspira a poseer sus mismas características, valores y creencias (proceso de identificación idealista) o negativos cuando uno desea apartarse de sus características (proceso de contraidentificación  defensiva)”. (54-61) Ese proceso de contra-identificación defensiva está presente en muchas obras del corpus literario sobre el negro, aunque no lo está en los cuentos de Yvonne Denis. De hecho, al revisar los once cuentos vemos con sorpresa que
la identidad no es un factor temático en ellos. En el único cuento en el que aparece la identidad del negro, sea personal o de grupo, es en “El silenciamiento”. Cuando Francisco dice “soy Francisco Lanzos, capitán de la compañía de negros o pardos como  algunos nos dicen (…) nuestro grupo, compuesto por negros libres de la costa” (15) o cuando pronuncia “agradecíamos en la festividad del Bembé, por la protección dada a nuestra gente negra” (16), Lanzos se está identificando como negro y está identificándose como parte de un grupo racial y cultural. A excepción de este caso, los cuentos de Denis no revelan la existencia de una identidad específicamente afropuertorriqueña.

La autora le da un matiz distinto a la temática de la identidad afropuertorriqueña al desracializarla, presentándola como parte de la identidad puertorriqueña, una identidad que es multiracial y no racista. Denis presenta la identidad puertorriqueña como un todo que tanto el negro como el caucásico o el mestizo han construido. Denis simplemente le da su lugar al negro en ese proyecto; lugar que la sociedad puertorriqueña también le ha dado, independientemente del racismo, en algunos círculos.

Si el tratamiento de la identidad del negro es novedoso en los cuentos de Denis también lo es el tratamiento de la imagen su imagen. Entendemos el concepto de imagen como la manera en que los otros perciben a un ente o a un grupo de personas.

Tanto las masas latinoamericanas como los escritores han creado, en el caso de los afrolatinoamericanos, una imagen muchas veces distorsionada. De acuerdo con Richard Jackson “la imagen negativa de los negros, fruto de la mentalidad racial decimonónica, no ha sido aún completamente desechada en el siglo XX, lo cual resulta, cuando menos, sorprendente” (469). En el contexto de la narrativa latinoamericana, Capá Prieto presenta una visión nueva y una perspectiva del negro original, revocando toda una herencia literaria que ha contribuido a la subyugación del negro. En términos generales, la imagen del negro proyectada en la literatura latinoamericana ha adolecido de unidimensional y ha sido tergiversada e instrumentalizada. Para ello basta revisar brevemente algunos ejemplos de la narrativa antiesclavista decimonónica, como Cecilia Valdés (1882) de Cirilo Villaverde, Sab (1841) de Gertrudis Gómez de Avellaneda o La Cuarterona (1867) de Alejandro Tapia y Rivera; u obras de la narrativa negrista de principios y mediados del siglo veinte, como Risaralda (1936) de Bernardo Arias Trujillo, Pompeyo Amargo (1942) de Dionisio Trillo Pays, Ébano (1955) de Alberto Ordoñez Arguello, así como la obra de Francisco Arriví: Vejigantes (1968), Medusas en la bahía (1970) y Sirena (1971). También en la narrativa escrita por autores negros o
mulatos, como Mersé (1926) de Felix Soloni, Over (1939) de Ramón Marrero Aristy, Azúcar (2001) de Alan Cambeira, El ultimo río (1966) y Cuando los guayacanes florecían (1954) de Nelson Estupiñán Bass, Juyungo (1943) de Adalberto Ortíz , Nuestra señora de la Noche ( 2006) de Mayra Santos Febres o Las criadas de la Habana (2002) de Pedro Pérez Sarduy, se presenta una raza devaluada por los blancos y por los negros mismos, sexualizada en algunas ocasiones, bestialiazada en otras, embrutecida y deshumanizada. Las letras puertorriqueñas participan de esa visión y a algunos de los ejemplos mencionados antes se podrían añadir obras como En el fondo del caño hay un negrito (1950) de José Luis González, La casa en la Laguna (1997) de
Rosario Ferré, Narciso descubre su trasero (1974) de Isabelo Zenón Cruz, La juega de gallos o el Negro bozal (1852) de Ramón C.F. Caballero, Tío Fele (1883) de Eleuterio Derkes o La negra azul (1833) de Cayetano Coll y Toste, por mencionar algunos títulos. En estas obras la imagen del afro-descendiente está asociada a la pobreza, la desesperación, el racismo y los prejuicios. En Capá prieto, por el contrario, el negro y el mulato se humanizan, se profesionalizan, se dignifican; el negro, como personaje, es
historiador y agente en la construcción de la identidad nacional. Denis ha proyectado una imagen literaria ya depurada de personas que son ídolos de la cultura popular cuya aportación al acervo cultural ha sido reconocida tanto nacional como internacionalmente.

Haciendo un breve recorrido por los cuentos con personajes poco conocidos o
ficticios se puede observar como la imagen del negro se renueva en una imagen positiva. En el “El silenciamiento”, Francisco Lanzos, capitán de la compañía de negros y pardos, es también archivero. En las postrimerías del siglo XVIII, Francisco Lanzos es un negro que sabe escribir y que documenta para la posteridad eventos que ocurren durante un ataque a la isla de San Juan. Francisco no es el único soldado ni guerrero en los anales de la literatura afro-latinoamericana, también aparecen personajes similares
en La renuncia del héroe Baltasar (2005) de Edgardo Rodriguez Juliá, en Las lanzas coloradas (1931) por Arturo Uslar Pietri y en Juyungo (1943) de Adalberto Ortíz, pero sólo en “El silenciamiento” el soldado aparece en una trama sin racismo y sin dinámicas del poder que lo coloquen en desventaja. Francisco se sitúa en la intrahistoria puertorriqueña como uno de los muchos negros y mulatos que defendieron la isla una y otra vez, y como constructor de fortificaciones en sus desempeños paramilitares. Es por
esto que Francisco reivindica la imagen del negro como soldado y defensor de las Américas. Francisco nos recuerda a Baltasar en La Renuncia del Héroe Baltasar en cuanto a su habilidad de escribir y reescribir la historia durante la colonia. Pero mientras Baltasar subvierte la historia, Francisco la produce y la documenta. Por otro lado, en el relato “Ama de leche” se presenta a Josefa Osorio Villarán, una mujer esclava y luego liberta que trabaja para los Gorrión. Este personaje se presenta en contraposición al de Ceferina de la Cruz, también ama de leche, de “La galería” (1952) de José Luis González. Ceferina fue obligada a ir a una hacienda en contra de su voluntad para
amamantar al hijo de su amo y al dejar de lactar a su recién nacido, éste muere seis meses después.

La imagen del ama de leche cambia sustancialmente con Josefa, pues
esta mujer desarrolla una relación materno-filial con sus hijos de leche, e inclusive vuelve a la casa de los Gorión como liberta y bajo ciertas condiciones para continuar sus labores. El narrador explica las dinámicas de estas relaciones cuando dice “esa fusión entre la boca y el seno creó una atadura espiritual entre todos” (33).

Cabe mencionar que otra particularidad de la narrativa afro-latinoamericana y negrista es el locus al que el negro se circunscribe. En la ciudad vive en la pobreza oprimente de los barrios bajos (Baldomera (1938) de Alfredo Pareja Diezcanseco) o dentro de la opulencia como miembro de la servidumbre (La casa en la Laguna). En el campo, y especialmente en los bateyes de las grandes plantaciones de azúcar, el negro aparece sumergido en las más paupérrimas condiciones de vida. Alan Cambeira describe las condiciones sanitarias del batey en la plantación “Esperanza Dulce” así:

Heat vapors rose from the fowl-smelling, slow-flowing sludge as it
oozed along the narrow, shallow through. The unforgiving malice of the
sun’s rays seemed to be baking the repugnant conglomerate of
ingredients that made up the discarded garbage of each cabin along both
sides of the route of the trough. One could discern floating lazily in the
sludge of intermingling animal and human dung; stale urine; castoff,
rotting food (what little there was to throw away); infants diapers dirtied
by dried excrement, heavily soiled feminine napkins encrusted with
putrid blood; the decomposed carcass of somebody’s cat smothered by
maggots, emptied sardine tins; broken bottles; empty, crushed beer cansa
genuinely eclectic collection of trash. (3)

En los cuentos de Denis el locus, urbano en su totalidad, no se ensaña con los
afro-descendientes, sino que viene a ser un lugar donde los negros se desempeñan a cabalidad y contribuyen al desarrollo de las artes y la sociedad. En términos psicológicos estos cuentos se acogen a la teoría de Julian B. Rotter sobre el control del locus, que considera el efecto que tiene sobre la personalidad de los individuos el control que creen ejercer sobre los eventos que los afectan.

[A] person’s locus (Latin for place or location) can be either internal
(meaning the person believes that they control their life) or external
(meaning they believe that their environment, some higher power or
other people control their decisions and their life)… [I]ndividuals with
an external locus feel that their lives are controlled by circumstances;
they feel disempowered to do anything about their lives leaving
everything to fate. (9)

Mientras que muchos personajes de la literatura afro-latinoamericana están dominados por su locus, esto no sucede en el caso de los personajes de los cuentos de Denis. Los protagonistas de Denis tienen pleno dominio de sus vidas y total control sobre sus decisiones.

Por último, las mujeres en las historias de Yvonne Denis no son amantes de
blancos ni desean casarse con uno de ellos, como sí sucede en obras clásicas como Mersé, Cecilia Valdes o La Cuarterona. Las mujeres negras no desean emblanquecerse, como en Vejigantes o Sirena, no son personificadas como entes de las esferas más bajas de la sociedad, como en Baldomera, ni son esclavizadas, como en La isla bajo el mar.

Los hombres, por su lado, tampoco aparecen trabajando de sol a sol en la esclavizante cultura de la caña, como en Azúcar. Estos hombres no navegan las aguas del Caribe buscando trabajo en los cañaverales de sus islas, como en Tiempo Muerto y Over. Los personajes de Denis tampoco se avergüenzan de su ascendencia, como en Medusas en la Bahía y en el Ultimo Río, ni cometen suicidio por un amor imposible con una blanca, como en Roquedal (1954). Lo trascendental de los cuentos de Denis es que rompen con el tono temático con el que se había representado al negro tradicionalmente. Para cimentar nuestra tesis acerca de la originalidad de los cuentos de Denis
consideremos ahora simultáneamente las tres características principales de la literatura afro-latinoamericana y negrista: poder, identidad e imagen, y observemos con éstas en mente la narrativa y el sujeto. Bravo apunta a que Bakhtin teoriza sobre el “deslinde entre novelas que llama “monológicas”, dominadas por una perspectiva discursiva que jerarquiza y redistribuye las diferentes discursividades de la novela; y la “dialógica”, que pone en interrelación los diferentes estratos discursivos, que pone ante el lector las
distintas perspectivas sin tomar partido por ninguna” (40). Si nos permitimos extender las ideas de Bathkin sobre la novela a la narrativa en general, podemos observar que la gran mayoría de la literatura afro-latinoamericana o negrista es monológica y que, en muy pocos casos, podemos encontrar piezas literarias que sean dialógicas. Los cuentos de Denis, por otro lado, no encajan en ninguna de estas categorías, su perspectiva discursiva no es ni jerarquizante ni dialógica. El sujeto, por otro lado, en gran parte de esta literatura es un subalterno. De acuerdo con Coronil “la dominación y la
subalternidad no son inherentes, sino características relacionales. La subalternidad no define el ser de un sujeto, sino un estado dominado del ser” (648), razón por la cual el negro es el subalterno por excelencia de esta literatura. Por otro lado, en los cuentos de Denis el único subalterno que no cambia su subalternidad es Adolfina Villanueva Osorio, y no por su condición racial, sino por su estrato social. Los otros dos subalternos, Francisco Lanzos y Josefa Osorio Villarán, se ajustan a la relatividad explicada por Coronil.

[S]ubalternity is a relational and relative concept; there are times and
places where subjects appear on the social stage as subaltern actors, just
as there are times or places in which they play dominant roles. Moreover,
at any given time or place, an actor may be subaltern in relation to
another, yet dominant in relation to a third. (648)

La subalternidad del negro en los cuentos de Denis es anacrónica, de ahí su
irreverencia. Con la ausencia de las tres grandes características de la literatura afrolatinoamericana y negrista: el poder, la identidad y la imagen, esta colección de cuentos es notable. Durante décadas los estudiosos de este género se han concentrado en la literatura comprometida escrita por negros, entendiendo por comprometida la literatura que representa los problemas sociales del negro. Así, la crítica ha dejado de lado, en términos generales, toda una excelente producción que no atiende a la problemática social. La obra de Denis puede que se reciba con idéntica apatía en ciertos círculos
académicos, ya que no satisface las expectativas de aquellos estudiosos que han centrado su trabajo académico en la literatura negrista cifrada en la temática y representación clásicas. La crítica académica ha alimentado así la producción de obras literarias que se basan exclusivamente en el racismo y la situación social del negro.

Independientemente de los méritos o deméritos técnicos que puedan tener los cuentos de Denis, ésta crea un mundo literario incoloro donde la piel del negro no le impide destacar en su sociedad. Estos cuentos, por otro lado, nos muestra el otro lado de la experiencia del negro en Puerto Rico; ofrecen una visión refrescante que muestra otra cara de las dinámicas sociales y raciales en Puerto Rico y en Latinoamérica.

  1.  Padre de la educación publica puertorriqueña. Autodidacta que proveyó educación a niños, independientemente de su raza o status social, en su residencia durante cincuentaiocho años.
  2. Historiador, escritor y activista. Investigó y recopiló información acerca de las contribuciones de los afro- latinoamericanos y afro-americanos a la sociedad. Fue una importante figura del movimiento conocido como Harlem Renaissance.
  3. Todas las traducciones del inglés son mías.

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DRA. MARTA CORDIÉS, DIRECTORA DEL CENTRO CULTURAL ARICANO FERNANDO ORTIZ, PRESENTA EN LA FUNDACIÓN CAGUAYO EL LIBRO CAPÁ PRIETO…

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La recuperación de la memoria histórica a través de cuatro personajes femeninos negros en Capá Prieto de Yvonne Denis Rosario
Dra. Rebecca Carrero Figueroa

La obra de la puertorriqueña Yvonne Denis Rosario resuena como una de las voces que denuncia la marginación de la que es objeto el negro en Puerto Rico. Su colección de cuentos Capá Prieto (2009) es un acopio de algunas de estas voces marginadas en la sociedad puertorriqueña que desarrolla a través de los doce relatos que componen el texto. Los personajes de estos apólogos comparten, además de su raza negra, el haber sido olvidados por la historia. Por esto, la autora emplea como recurso la investigación histórica, aspecto que combina con elementos propios de la ficción que caracteriza el género literario del cuento, para que conozcamos a estas figuras.

Precisamente, esta investigación literaria conquistó para Denis Rosario el V Premio Internacional de Periodismo sobre Puerto Rico José Ramón Piñeiro León, otorgado en Madrid, España. Y es que, a través de la lectura de su obra se rescata la memoria colectiva acerca de figuras como las del líder nacionalista Pedro Albizu Campos; el historiador Arturo Schomburg; la poeta Angelamaría Dávila y el maestro Rafael Cordero, entre otros. No obstante, a pesar de tratarse de personajes reales, la autora emplea como técnica la reconstrucción de sus historias por medio del recuerdo y por el desarrollo de una realidad distinta a la que revela nuestra historia. Es en ese punto en el que Capá prieto logra recuperar la figura del negro puertorriqueño; más aún, su ambicioso proyecto denuncia la condición de las mujeres que permanecen subyugadas de la oficialidad histórica por su condición de mujeres, negras y pobres.

Este trabajo pretende demostrar cómo la colección de cuentos Capá Prieto de Yvonne Denis Rosario es un intento por rescatar del olvido histórico a la raza negra puertorriqueña. En específico, se concentrará en evidenciar el rol indiscutible que ha ocupado la mujer negra en nuestra Isla al concentrarse en cuatro de los personajes femeninos que presenta la autora en su texto. De los doce relatos de Capá Prieto son cuatro en los que el personaje principal es una mujer. Estos son: “Ama de leche”, “El turbante del Maestro”, “Ficha: Anjelamaría Dávila” y “Desahucio desde el palmar”. Se justificará con el texto cómo la cuentista se vale de la ficción y la investigación histórica para romper con los estereotipos que prolongan la marginación de las mujeres negras aún en la actualidad.

La opción por la que se decide Denis Rosario es dar a conocer la verdad que la historia oficial ha pretendido callar. En esto coincide con Angela Jorge, quien en su artículo, “The Black Puerto Rican Woman in Contemporary American Society” señala que

The uniqueness of the problems faced by the black Puerto Rican woman in American society must be discussed openly. Furthermore, these problems must not be ignored by the feminist movement that is seeking the emancipation and liberation of the Hispanic woman. The fact of being considered three minorities in one- black, Puerto Rican, and woman- is, in and of itself, a tremendous psychological burden that must be understood. (The Afro-Latin@ Reader: History and Culture in the United States 270)

En el contexto del ensayo de Jorge, tenemos que la tendencia en la literatura puertorriqueña ha sido legarle a la mujer cualquier otro rol excepto el protagónico. De hecho, los ejemplos con los que contamos demuestran que la presencia femenina en nuestra narrativa aluden a ella como esclava, sirvienta, amante, prostituta, explotada y oprimida. Contrario a esto, la narrativa de Yvonne Denis Rosario rescata a las féminas que protagonizan sus relatos para darles el lugar que les corresponde.

La gran pregunta que corresponde hacerse es por qué a pesar de los derechos otorgados a los negros en la Isla, aún este sector sigue calificado como uno inferior y, minoritario. Incluso, se puede hablar acerca de cierto desprecio que se evidencia mediante el acceso a la educación, mejores oportunidades de empleo, mejores viviendas e instituciones que están vedadas para los negros en Puerto Rico. Es quizás, Angela Jorge quien nuevamente ofrece la clave al expresar que: “[. . .] the continued denial of the existence of racism among Puerto Ricans because of the racial mixture of their population creates a sense of ambiguity in personal relationships with family and friends.” (270)

Esta lucha es por lo tanto, histórica. Desde que se declaró el 8 de marzo de 1975 como el Día Internacional de la Mujer, las féminas han obtenido una serie de derechos como el de practicarse un aborto y han traído ante la consideración mundial sus asuntos como parte de la discusión de organismos como la Asamblea General de las Naciones Unidas. En cuanto a Puerto Rico, la doctora Marie Ramos Rosado, en su texto La mujer negra en la literatura puertorriqueña: Cuentística de los setenta, añade otros eventos que resultaron fundamentales en el desarrollo del tema femenino en la Isla como los cursos con crédito académico sobre la mujer en la política, en la sicología y en la historia que comenzaron a ofrecerse en 1975 en la Universidad de Puerto Rico. Asimismo, destaca como fundamentales la publicación de distintas antologías de obras escritas por mujeres, una revista y hasta el excarcelamiento de la nacionalista puertorriqueña Lolita Lebrón tras cumplir 25 años de prisión en los Estados Unidos.

Sin embargo, la mujer negra y mestiza no consigue aparecer con frecuencia en nuestra literatura. Mucho menos se le daría presencia como personaje. Como tema, el motivo del negro ha sido muy poco tratado en nuestra literatura. Si se toma en cuenta que fueron tres los siglos de esclavitud en Puerto Rico y que es a mediados del siglo XIX cuando por fin se desarrolla una literatura nacional, con textos como: El Aguinaldo Puertorriqueño (1843), Álbum Puertorriqueño (1844) y El Gíbaro (1849) esta demora encuentra una explicación.

No obstante, la mujer negra comienza a presentarse en obras como La Cuarterona de Alejandro Tapia y Rivera, cuyo personaje central, Julia, tiene sangre negra, pero fue criada por una condesa que tenía un hijo del que Julia se enamora. Es un amor desaprobado debido a la marginación social por el racismo presente. Asimismo, esta problemática se repite en Vejigantes Francisco Arriví y en poesía con “¿Y tu abuela a’onde ejtá?” (1942) de Fortunato Vizcarrondo.

Otros ejemplos literarios lo constituyen el poemario Tun-tún de pasa y grifería de Luis Palés Matos y la novela Usmaíl de Pedro Juan Soto, ambos ejemplos de que la mujer se le presenta como explotada. Asimismo, se unen a esa lista, entre otras, Cauce sin río de Enrique Laguerre y las Leyendas puertorriqueñas de Cayetano Coll y Toste.

En cuanto al género del cuento, van surgiendo distintas antologías en el País. Entre ellas, los Cuentos para fomentar el turismo de Emilio S. Belaval, cuyo relato “Un cráneo chato se arrima a la luna,” presenta a mujer abandonada por ser negra. Igualmente, “Biografía” en el que Cruz Menchaca, una prostituta y negra ejemplifica el papel de que las mujeres negras se ven obligadas a ejercer la prostitución para sobrevivir económicamente.

Como se ha intentado demostrar, previo a la posterior cuentística del 70, la presentación de la mujer dependerá de la visión que fomente la oficialidad social. Con la literatura del 70, se refleja el cambio social que experimenta la mujer al unirse a la fuerza laboral y adquirir con ello su propio control económico. Asimismo, se levantarán otros escritores que se ocuparán por hacer visible a la mujer negra. Será con la Generación del 70 que aumentará la cantidad de narradoras femeninas como es el caso de Ana Lydia Vega, Rosario Ferré, Magali García Ramis, Mayra Santos Febres, Carmen Lugo Filippi, entre otras.

De hecho, Yvonne Denis Rosario como escritora contemporánea, acoge esa problemática como el eje desde donde parte su obra. Y para desmitificar los estereotipos establecidos acerca de las mujeres negras, el género del cuento será su mejor herramienta. Esa necesidad de mostrar a una mujer integrada a la sociedad, dispuesta a adquirir su identidad cultural y racial se ejemplifica en los relatos seleccionados. Al respecto, Angela Jorge señala que “[. . .] the role of the black Puerto Rican woman in the Hispanic woman’s effort for emancipation and liberation cannot be isolated from her need to integrate within herself the three minorities that she represents.” (274)

En el primero de los relatos escogidos, “Ama de leche,” se nos presenta el recuerdo mediante sueños de la experiencia de haber tenido a un ama de leche. Quien narra es hoy un hombre que goza de una buena posición social y económica, Richard Gorrión; el bisnieto de José Dolores Gorrión Santiago, hijo de leche de la esclava Maíta. Como solía ocurrir entre las familias de la época, si la mujer blanca no era capaz de alimentar a sus hijos con su leche materna, esa labor se le encomendaba a una esclava negra que pudiera ofrecer su leche para los hijos del amo.

Como trasfondo a este relato podemos ubicarnos en la colección La galería y otros cuentos de José Luis González, del que forma parte el cuento “La galería” (1952). Este relato comparte con el de González el presentarnos a un personaje de posición económica que fue lactado por una nodriza negra llamada Ceferina de la Cruz. A diferencia de “Ama de leche”, esta mujer deja de lactar a su propio hijo para satisfacer la demanda del hijo del hacendado, lo que eventualmente le provoca la muerte a los seis meses.

En cuanto a “Ama de leche,” en el Prólogo de la antología de Denis Rosario, la doctora Marie Ramos Rosado señala que este cuento exalta el valor histórico de las amas de leche. (11) El vínculo que se establecía entre el hijo ajeno y la madre negra conllevaba un sacrificio emocional puesto que no era fruto de sí. Lo interesante es que la voz narrativa expresa que recuerda las nanas y los cuentos que su ama de leche le narraba mientras lo lactaba. Es mediante esas nanas y los relatos que el niño blanco se expone a la historia de los negros y la evoca en su memoria.

La mujer del relato también creó un lazo muy estrecho con la familia blanca a la que servía, tanto que al recibir la libertad y partir de la casa, “[. . .] presentía que los Gorrión la necesitaban.” (34) Por eso, acordó con su antiguo amo regresar como esclava liberta y llevar consigo a su hija Felícita.
Dentro de la historia, la voz narrativa cuenta cómo dio con unos documentos antiguos en los que se encontraba una carta de su bisabuelo en la que lamentaba la muerte de Maíta y la ingratitud que le habían demostrado, al no ocuparse de aquella madre “[. . .] que era la mía también.” (39) Esa deuda aún estaba pendiente de que se pagase, por eso el sueño de toda la familia era recurrente.

El siguiente relato es “El turbante del Maestro”. Este cuento incorpora el personaje de Maíta, la esclava liberta del cuento anterior “Ama de leche” y de Felícita, quien cuenta con 98 años de edad y en esa ocasión recuerda cómo salió del analfabetismo en el salón del Maestro Rafael Cordero y su hermana Celestina. En la narración, Yvonne Denis rescata a Celestina del lugar donde la historia la ha mantenido invisibilizada puesto que quien poseía la preparación como maestra era ella, pero su rol quedó relegado a un segundo plano, tanto que aún se desconoce de ella, puesto que siempre se habla acerca del Maestro Rafael. Según revela la historia, desde su residencia en el viejo San Juan, este ofrecía clases gratuitas para la gente pobre del lugar, pero esa educación estaba reservada solo para los hombres.

Esa mujer de avanzada que representó Maíta, creyó que su hija tendría mayores posibilidades que las de ella y decidió llevarla a que se educara en el mismo lugar donde estudiaban los hijos de la familia Gorrión, que para los efectos, también eran los suyos. A pesar de su intención, Maíta no logró que aceptaran de primera intención que su hija estudiara allí, hasta que surgió la necesidad de intercambiar un servicio por el otro. Aunque Celestina contaba con más de 15 años de experiencia como maestra, su trabajo consistía en coser los paños que usaba su hermano Rafael. Como se desprende del relato: “Con razón el Maestro dependía de ella, tenía experiencia en la enseñanza,” (46) así que la niña Fela le propuso pagar por su educación al ayudarla con la costura.

A partir de ese momento, yo era la que cosía los turbantes del Maestro, los zurcía y le daba una que otra puntada. Era la que se los hacía también. Maíta estuvo de acuerdo. Celestina nos daba algunas monedas y comprábamos la tela y yo los hacía a cambio de enseñarme en secreto. Celestina, me sacó del analfabetismo. (47)

Como vemos, la audacia de una niña que adoptó un rol diferente al establecido por la sociedad le ganó el mayor de los tesoros: la educación y recibirla de manos de una gran mujer: Celestina Cordero. Celestina se mostró como una mujer solidaria, capaz de colaborar sin competencia, en el proyecto educativo de su hermano.

De otra parte, “Ficha: Anjelamaría Dávila” presenta la muerte de la poeta Angelamaría Dávila a manos de su amante Gregorio, quien se desempeñaba como patólogo. En este relato, Yvonne Denis nos conduce a través de la intertextualidad de los versos de otra poeta negra, Julia de Burgos, a quien Angelamaría gustaba recitar, para enfatizar en la gran capacidad poética de esta. Esto también sirve para que descifremos por medio de las claves que poco a poco se nos van dando que quien dio muerte a la rapsoda fue su propio amante, movido por la envidia que sentía al no lograr ser un poeta como ella.

Denis Rosario nos invita a reflexionar acerca de esta relación mediante las siguientes preguntas retóricas que plantea Gregorio: “¿Cómo una mujer negra, sola, triste, pobre, podía crear tanta belleza literaria? ¿De dónde salían tantos versos? Se preguntaba y yo solo lo escuchaba, quizás por eso la mató.” (87) Esto nos demuestra el concepto masculino y claro está, patriarcal, de una historia destinada a marginar a la mujer y a tratarla despectivamente por ser además de mujer, negra, sola, triste y pobre. Este hombre no podía ser empático con la mujer que se había entregado a él y cuya vida había estado llena de eventos trágicos hasta el mismo día de su muerte. Para Gregorio, Angelamaría no podía superarlo en ningún sentido; claro que no. Por eso, debía silenciarla.

El relato culmina con la detención de Gregorio y su encarcelamiento después de haber ingerido los versos de su amante como un intento por lograr igualarla, más aún, superarla. En palabras de la autora “Abrió su boca e ingirió cada uno de los versos que escribió Anjelamaría antes de que él terminara con su vida y se quedó esperando que salieran mariposas.” (92)
Una historia igualmente trágica es la que da paso a “Desahucio desde el palmar”. Esta es la historia de una mujer negra que se enfrenta ante el desahucio inminente de sus tierras, a manos del Gobierno. Se trata del conocido caso de Adolfina Villanueva Osorio, una mujer de 34 años quien murió a manos de la policía al enfrentar su dictamen para salir del lugar que consideraba suyo y de los suyos. Denis Rosario da un giro diferente a la historia que ha sido ampliamente difundida a través de la bomba escrita por Tite Curet Alonso y Rubén Blades, titulada “Desahucio”. En esta, la autora otorga un rol casi protagónico a la naturaleza que rodea la vivienda de Adolfina, la que responde con duelo ante la muerte de quien reclamaba ese espacio como suyo.

De la investigación histórica que realiza Denis Rosario se destacan ciertos elementos que parecían amenazantes para los oficiales, como lo son las trampas de jueyes que encontraron en el lugar que quedó devastado ante la movilización policiaca. Igualmente, es un llamado de atención ante la relación entre la Iglesia y el Estado, puesto que los terrenos eran reclamados por la Iglesia Católica. La participación de los líderes religiosos es muy discutida en el relato en la que vemos que sus representantes se valen de distintas mañas para lograr la expropiación de dichas tierras. Adolfina, no fue un oponente fácil; dio la batalla, fue firme en sus planteamientos y aún cuando la batalla parecía perdida, enfrentó con valentía la fuerza del poder.
Acerca de esta mujer, conocemos que tenía seis hijos, uno de ellos requería cuidados especiales. Además, se trata de una gran mujer que logró sacar del analfabetismo a su esposo. De otra parte, para aportar al sostenimiento de su familia, Adolfina se dedica a la costura. Así es como se presenta una gran oportunidad para que ponga sus destrezas al servicio de la Iglesia al realizar algunos arreglos para los hábitos de las monjas y luego, las sotanas del Cardenal. Una escena que resulta muy impactante es cuando recibe las sotanas del Cardenal José Montes Benítez y al llevarlas hasta su casa estaban llenas de cucarachas, por lo que su espacio quedó invadido desde adentro con la intención de provocar en ella frustración y eventualmente, rendirse ante los reclamos. Pero, Adolfina no sucumbió ante ese intento ni ante los ataques que precedieron este incidente.

El día en que recibió la notificación de desahucio fue presagiado por la intranquilidad de las noches anteriores. Ese 6 de febrero de 1980 la naturaleza también respondía a su inquietud cuando se describe que
Escuchó voces, movimientos, la brisa jugaba al esconder. Se asomó por el ventanal; era de madrugada, y vio que de las palmas caían cocos. A veinte pies de altura, consolidado por el esfuerzo de las dunas, las palmas se erguían como nunca antes. Rodeadas por el matojo de playa, del bejuco de puerco y la uva de mar, simulaban un ejército militar listo para el ataque. (101)

Así, la misma naturaleza sirvió de refugio para que los oficiales dispararan a todos lados, acabando con la vida de Adolfina y dando por muerto a su esposo. Una vez eliminado el impedimento, echaron al piso la estructura. Nuevamente, la Naturaleza se expresa.

El aguacero ahuyentó a los espectadores, que gritaban furiosos, indignados. Aquellas palmas que se mostraron altaneras, recibieron el embate del agua y el viento, debilitándolas. Los cocos rodaban sin nagua, porque fueron arrancados del cobijo de las pencas. Luego cayeron ellas, unas arrastradas por la ventisca y otras colgaban. El mar se escuchaba embravecido, y las olas rompían en la orilla con rabia y hastío. La arena que fue la alfombra natural de aquella vivienda humilde, se levantó mojada y cortante sobre todos. [. . .] (103)

En síntesis, la comunidad puertorriqueña tiene que en primer lugar, reconocer que el racismo es parte de su realidad y trabajar con él dentro del contexto de la búsqueda de una verdadera identidad puertorriqueña. Más aún, los puertorriqueños deben atender a las cuestiones de injusticia, desigualdad y prejuicio que siguen presentes en todos los ámbitos de su sociedad. La verdadera aportación de la obra de la cuentista Yvonne Denis Rosario radica, precisamente, en acercarnos a ese llamado de atención ante la realidad de que aún hoy nos topamos con un sector marginado por su color de piel, situación económica. Al rescatar la memoria histórica de estos personajes negros, Denis Rosario afirma la negritud puertorriqueña. Asimismo, en los relatos seleccionados para este estudio, conocemos acerca de mujeres negras, cuyas gestas históricas han quedado ausentes de los grandes eventos. Esta tarea requiere de un activismo social orientado a desmitificar estereotipos y verdades dadas, profundamente arraigadas en la cultura dominante. Por esto, Yvonne Denis Rosario logra a través de su narrativa rescatar del olvido a las mujeres valientes y negras que con intentos como este, recuperan su lugar en nuestra historia. Nos corresponde a nosotros saldar finalmente la deuda.

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RESEÑA EN PERIÓDICO CLARIDAD DE CAPÁ PRIETO

Claridad / CAPÁPRIETO. 2010
Por Daniel Nina

Me enfrento a este libro particular, de la autora puertorriqueña Yvonne Denis Rosario, y me sorprendo de lo que ya parece ser una tendencia en la literatura de esta primera década del Siglo XXI. Los escritos en torno a las relaciones raciales, esclavitud y discrimen, finalmente empiezan a emerger.
Yvonne Denis entonces, queriendo o no queriéndolo, se inserta con Capá Prieto (Isla Negra, San Juan, 2009) en una temática que de ordinario había permanecido en el tintero sin salir del mismo. La literatura realizada en Puerto Rico, sobre la raza, es mucho más limitada que la misma contribución que realizan los puertorriqueños residentes en los EE.UU. En otras palabras, el tema es tabú en nuestra isla-geografía-isleña. Aunque la tendencia que en apariencia se define, nos puede llevar a nuevos horizontes. Black -en Puerto Rico- is finally beautiful, como nos recuerda el poeta Piedro PIetri.

Por esto, el valor de este libro. Es un libro que habla de frente y sin apuros, de la construcción de la memoria histórica en el país a partir de las relaciones raciales. Aquí yace su interesante contribución. El libro es un acercamiento novel a la historia-ficción-recuerdo, de eventos que sí pasaron, pero los cuales en su mayoría son re-interpretados por vía de la literatura. Y para muestra un botón. La escritora hace uso de su licencia poética e imagina como en si fueron los eventos que dejaron a personas víctimas y a otras como victimarías.

Yvonne Denis, egresada del programa de maestría en creación literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, poeta antes y después de dicho título, y ahora profesora de español en la Universidad de Puerto Rico, es, en adición a una detallada cuentista, una gran historiadora. Digo esto, pues en su colección de cuentos Capá Prieto, le rinde homenaje a la fusión entre literatura e historia, de forma que nos invita a explorar la historia como hecho fáctico-verídico, ante una literatura ficción-imaginación. Es muy interesante ese cruce donde nos confunde, a propósito, la autora. Para saber cuanto es un dato histórico y cuanto es un dato imaginado, hay que leer la obra – y luego descifrar el misterio.

En esta invitación a la literatura histórica, los cuentos de Yvonne Denis, nos llevan por el sendero ya caminado de la literatura continental de Carlos Fuentes, José Luís Borges, Sergio Ramírez y sin lugar a dudas Gabriel García Márquez. Por otro lado, y en este terruño criollo, hay algo de Abelardo Díaz Alfaro en la literatura de esta autora contemporánea. En este diálogo lo que se encuentra es la posibilidad de fusionar dos géneros, y explorar desde esa sintonía un relato nuevo, a veces agradable y en otros casos, como bien lo describe la autora, un tanto desagradable.

Capá Prieto consiste de 12 cuentos, los cuales a veces dialogan entre ellos mismos, y a veces son cuentos independientes, en los cuales desea la autora narrar un incidente ocurrido de forma literaria, o por el contrario, imaginarse una posibilidad distinta. En esta medida, los cuentos requieren en muchas ocasiones de un lector-a informado de la historia nacional; y de no estarlo, requiere de un lector-a participe, que investigue las pistas histórica y/o literarias que la autora compone en su texto. Y para alcanzar esto que mejor que googoliar los nombres y detalles fácticos del libro. De repente esto abre otra posibilidad hacia una lectura de mayor complejidad.

Los cuentos “El silenciamiento”, curiosamente comienza en un robo de un dato del archivo general (en Sevilla, España) y termina en el personaje haciendo justicia histórica y compartiendo la información en el barrio Piñones de Loíza. Lo curioso del dato histórico es que el último cuento del libro, “Bufete de Abogados”, culmina a su vez en un encuentro/desencuentro también en el mismo barrio. Y para saber el desenlace hay que leer el libro.
Los cuentos “Barrotes Olvidados” (sobre Pedro Albizu Campos en la cárcel de la princesa en San Juan), “Periódicos de ayer” (sobre el historiador y bibliotecario boricua de Nueva York, Arturo Schomburg), “La cucaracha y el ratón en la biblioteca” (sobre la primera bibliotecaria mujer en la biblioteca pública de Nueva York, Pura Belpré); “In re: Federico Bruma” (sobre el encuadernador de notaría más famoso de Puerto Rico: Juan Boria); “Desahucio en el mar” (sobre el trágico fin de Adolfina Villanueva). Todos estos cuentos re-crean la historia con la ficción, y son un digno homenaje a estos puertorriqueños cuya vinculación base es su raza: son afro-descendientes boricuas.

Finalmente los cuentos “Ama de leche”, “El turbante del maestro”, “Calle Felipe Rosario Goyco” y “Roble” son un interesante homenaje a las generaciones de esclavos y sus descendientes en Puerto Rico. Pocas veces se articula esta idea en el país. Mas aun, pocos son los que vinculan su negritud a la esclavitud. Estos cuatro cuentos nos permiten realizar dicha recreación.

En este momento crucial donde vivimos un afro-boricua renaissance, en el cual emergen varios autores y autoras intentando darle voz a los sin-voz de la esclavitud y su legado, Yvonne Denis Rosario surge con una voz singular y con mucha fuerza. El libro hay que conocerlo y leerlo, y sobre todo, disfrutarlo.

La contemporaneidad de la literatura negra en Puerto Rico (2009-2010)
Nelson E. Vera  — Wed, 02/23/2011 – 20:12

Al mencionar estos dos libros como fundamentales para la literatura negra en el 2009 no se resta el hecho de que surgieron varias publicaciones de mucho mérito en ese año pero que por cuestiones de tiempo y espacio no puedo resaltar en este escrito. No obstante, es menesteroso hacer síntesis y a tal razón saltamos a varios escritores que afloraron en el 2010 y dieron un giro al discurso de marras. La lista comienza con un magnífico ejemplar a cargo de Yvonne Denis Rosario que lleva por título Capá Prieto.

Esta obra se abraza con la de Ramos Perea en tanto rescata a los negros que fueron subyugados a una historia eclipsada y dispuesta al abandono. Denis utiliza una narración de corte protagónico donde la voz de los propios personajes es a la vez el lente con el cual se retratarán unas excelentes viñetas que incluyen a los negros que lucharon en Boca de Cangrejos, el Maestro Rafael Cordero y Adolfina Villanueva.

Capá Prieto ha circulado en Latinoamérica, España y Estados Unidos (en la cual ya sufrió una benigna traducción en aras de ser disfrutada por la comunidad negra del otro lado del charco). El libro, a pesar de ser corto, se presenta como una formidable lectura para aquellos que sean duchos en el tema. Empleando la ahora famosa técnica de eslabonar los relatos, la autora demuestra una sensibilidad única a la vez que entrega a los personajes con vida propia cual si estuviese retratándolos en sus espacios temporales y emocionales. Denis Rosario cultivó una construcción del verbo de forma limpia, una narrativa que bailaba un bolero entre historia y ficción, sin demasiados rebuscamientos pero con lo suficiente para levantar potentes figuras negras de Puerto Rico.

De amor, complicidad, tradición, envidia y crimen en Capá prieto
Mayra L. Valentín Hernández

Capá prieto es la primera y única colección de cuentos de la novel narradora Yvonne Denis Rosario . El objetivo del libro es exaltar el valor de la negritud. Por tal razón, los cinco cuentos seleccionados para este estudio: “Ama de leche”, “El turbante del maestro”, “La cucaracha y el ratón en la biblioteca”, “Ficha: Anjelamaría Dávila” y “Desahucio desde el palmar”, presentan mujeres negras trabajadoras: ama de casa, maestra, bibliotecaria, poeta y vendedora de productos derivados de coco. La justificación de esta investigación radica en la reciente publicación del libro en el año 2009. Además, la autora se ha encargado de trazar la trayectoria de la mujer negra puertorriqueña. Los cuentos comprenden desde el siglo XVIII hasta el XX. Estas mujeres son personajes reales, no ficticios. Muchos puertorriqueños desconocemos sus vidas. Los relatos “ponen atención a la intrahistoria de los personajes o la vida cotidiana de éstos más allá, no sólo a lo histórico; sino a lo esencialmente humano de ellos” (Ramos Rosado 9). Finalmente, es menester examinar y adentrarnos en sus sentimientos, luchas y motivaciones para rescatarlas cuan rehenes de la historia.

Beatriz Llenín y Lissette Rolón discuten las teorías sobre razas y etnias en su libro ¿Quién le teme a la teoría?: Manual de iniciación en críticas literarias y culturales. Exponen, básicamente, las dos tendencias teóricas principales: la esencialista y la construccionista. La primera destaca que la raza y la etnia son propiedades inherentes, “naturales” al ser humano. Es decir, que cada persona nace con una raza y una etnia adscrita a priori biológicamente. La segunda argumenta que las nomenclaturas de raza y etnia son particulares al contexto y a la cultura en cuestión y que la identificación con cualquiera de dichas categorías ocurre como resultado de los procesos humanos de socialización; es decir, ocurre a posteriori (Llenín y Rolón 209). Informan, además, que los proyectos imperiales europeos habían negado o marcado sistemáticamente como “inferiores,” “primitivas,” y “no civilizadas” a las tradiciones y legados de las culturas africanas (Llenín y Rolón 208).

Mencionan que en el siglo XIX llegó a proponerse la supuesta diferencia en el tamaño del cerebro entre “negros” y “blancos.” Este argumento partía de la premisa que había razas “superiores” y razas “inferiores” y que la mezcla de ambas resultaba en la degeneración absoluta de la especie humana (Llenín y Rolón 213). En el libro se resumen las teorías sicoanalíticas y su relación con nuestro desarrollo, sueños, motivaciones y conducta, entre otros. Los cuentos bajo estudio se interpretarán desde estas perspectivas.

El cuento “Ama de leche” comienza con una representación onírica. Una mujer amamanta a un niño recién nacido. Entona nanas de cuna, “suaves y murmurantes” (Denis Rosario 31) que duermen al neonato. Merecido descanso tienen el niño y el cuerpo productor de leche. Ahora despierta. Inmediatamente, retoma el sueño. Vuelve a despertar por el sonido de su boca al chupar.

La narración continúa en tercera persona y se traslada al pasado. Se sitúa en la calle Tetuán del Viejo San Juan. Alude, entonces, a la figura de Maíta. Esta esclava cuidaba de los cuatro hijos huérfanos de José Dolores Gorrión, viudo entristecido. El hogar de aquella familia era un edificio de tres pisos. La belleza, el colorido, la luz y la risa pueril contrastaban con la nostalgia que embargaba al dueño de la residencia por la pérdida de su esposa. Maíta se encargaba de los quehaceres domésticos y de amamantar a los hijos de don Gorrión “porque el banco de leche de la señora estaba cerrado” (Denis Rosario 33). Contrataron de este modo a Maíta, cuyo primogénito, Pío, produjo que de su madre fluyera el líquido vital. El proceso de racialización resulta evidente en ambas mujeres. Ocurre en el ama, blanca y adinerada, símbolo de debilidad. Por el contrario, la esclava representa la mujer negra y pobre, pero fuerte y saludable. La conexión sicológica entre amamantadora y amamantado está bien lograda en el relato. “Esa fusión entre la boca y el seno creó una atadura espiritual con todos” (Denis Rosario 33). Atendía y amamantaba a sus hijos de leche con la misma urgencia que a sus hijos de vientre.

La relación entre ambas mujeres es de codependencia. Maíta obtiene su sustento y la ama no solo la requiere para satisfacer la necesidad de sus hijos, sino la suya propia. Debido a la abolición de la esclavitud, Maíta se fue de la casa. El destete provocó sufrimiento en los hermanos Gorrión, especialmente en el mayor. La abrupta separación de ambos cuerpos causó un desfase en el desarrollo de los niños. La fase oral, propuesta por Sigmund Freud, mediante la cual “derivamos placer oral principalmente por ingerir alimento y leche materna” y “nos sentimos absolutamente conectados a la madre” quedó interrumpida (Llenín y Rolón 133). La teoría del sicoanalista austriaco “adjudicó a la infancia un extraordinario rol en el desarrollo posterior del cuerpo y de la sique humanas” (Llenín y Rolón 132).

¿Y Maíta? Todos los días mientras estuvo retirada sentía dolor en sus pechos. Lactaba a Pío y se extraía el exceso. El dolor físico se trasladó al sicológico porque sabía que los Gorrión la necesitaban. Ahora es ella quien sueña y “corría a buscar a los chicos para atenderlos” (Denis Rosario 34). Soñolienta, escuchaba llantos y “el sonido de una boca chupando” (Denis Rosario 34). Ya despierta, se dirigía a la cuna de su hijo y lo encontraba durmiendo. El efecto del sueño no se hizo esperar, pues “el pecho le había empapado la ropa de dormir” (Denis Rosario 34). Las tendencias sicoanalíticas han estudiado la estrecha relación entre los sueños humanos y sus esferas emocionales, que componen el inconsciente. Este se revela en nuestra vida como producto del propio deseo y las reglas establecidas por la familia y la sociedad (Llenín y Rolón 130). En el relato que nos ocupa, el inconsciente de Maíta oscila entre su instinto maternal y su separación de la familia servida debido a la abolición de la esclavitud. Pudo más su amor y, cual abnegada madre, regresa como esclava liberta a la casa de su antiguo patrón. Sus hijos y los de Gorrión crecen juntos. Don José Dolores reencuentra el amor y se casa con Francisca María. Procrean cinco hijos. De esta madre emana leche y le llegó el momento del retiro a la amamantadora.

Mediante un salto cronológico, la acción llega al siglo XIX. Richard Gorrión y su familia habitan la casona. El hombre contrata una compañía para restaurar el edificio residencial habitado por generaciones. Una llamada telefónica del ingeniero a cargo de la remodelación le advierte sobre el hallazgo de un documento escrito y unas fotos. Salió de su oficina; estaba deseoso por llegar. Tuvo acceso a un manuscrito firmado por José Dolores Gorrión Santiago, hijo, hermano mayor de su bisabuelo y unas fotos del entierro de una mujer pobre. Supo que José Dolores se había enterado de la muerte de su nana y que había enviado flores de condolencias a Felicita, con quien compartía la misma madre. El empleado de la floristería la retrató en su féretro. José lamentó no haberla procurado nunca. Es insuficiente el recuerdo si no va unido a la acción. En sus sueños siempre veía “unos pechos grandes y abultados que cubrían su rostro” (Denis Rosario 40), los de Maíta. Richard comprendió el porqué del sueño recurrente en su familia generación tras generación, “una deuda que nunca se pagó” (Denis Rosario 40). El inconsciente colectivo, cúmulo de experiencias e imágenes propuesto por Carl Jung, fue transferido a los miembros de su familia. Maíta fue una madre y sus “hijos” permitieron que muriera pobre y abandonada. ¡Qué ingratitud! Parece que esa fuese una opresión impuesta a todo aquel que sirvió bajo el yugo de un amo.

La narradora principal del cuento “El turbante del Maestro” es Felícita, quien celebra sus noventa y ocho años. Mientras relata a sus nietos recuerda a la mayor de sus hijas, Toña. Les comenta el trabajo que le dio cuando era adolescente. Muchas veces su esposo y ella tuvieron que visitar la escuela porque “se agarraba a los puños como si fuera boxeador” (Denis Rosario 41). La joven solo defendía a sus hermanos menores. No estaba dispuesta a que fueran víctimas de abuso por ser pobres y negros. No era la tonta que permitía la opresión; siempre defendió su hogar y sus derechos. Ya adulta, cuando su esposo “se atrevió a darle”, (Denis Rosario 41) “se armó de un cuchillo y casi lo mata” (Denis Rosario 41). Desde entonces jamás durmió con él y con el tiempo lo dejó. La madre recuerda cómo su hija laboraba arduamente y ganaba su sustento. Toña se puede catalogar como un personaje que se aparta de la norma.

Felícita rememoraba su niñez junto a su madre Maíta. Relataba sus labores y juegos en la casa de los Gorrión, quienes “no tenían amigos cercanos y vivían en un lugar bonito pero triste” (Denis Rosario 43). No cambiaba por nada “el correr descalza por el fango y jugar con los iguales a mí” (Denis Rosario 43). Hasta los niños identifican la segregación. Su madre la llevó a la escuela del maestro Rafael Cordero, pero allí solo estudiaban varones. De todas formas, necesitaría un permiso que otorgaba la Iglesia. La intromisión religiosa se hace patente en los convencionalismos sociales. La madre insistió y el maestro le dijo que vería qué podría hacer. Como el tiempo transcurría y Felícita no recibía respuesta, se allegó a la escuela sin permiso porque anhelaba salir de la ignorancia. Descubrió que Celestina, hermana del maestro, estaba cosiendo unos paños. También supo que era quien recibía a los niños, les entregaba los materiales y los esperaba cada mañana.
Celestina representa a la mujer negra trabajadora. Ejerció como maestra por más de quince años, en los cuales educó a cientos de niñas. Fue el ejemplo que emuló su hermano Rafael. La niña le comunicó que sabía coser y logró convencerla para ayudarla a coser los turbantes del maestro a cambio de que le diera clases. Felícita logró su cometido: aprendió a leer y escribir. Este cuento debilita la teoría que propone la superioridad cerebral del blanco. Tanto Rafael como Celestina, ambos negros, fueron personas educadas, artífices de la instrucción de niños y niñas, negros y blancos. Celestina resulta un personaje importantísimo en esta narración. Es una mujer humilde, sin pretensiones, dispuesta a que su hermano continúe la gesta educativa de la cual fue precursora. Esta educadora “se convierte en un elemento de cambio en este taller” (Ramos Rosado 128). Su afirmación para dar clases en secreto a Felícita serviría para que otras niñas pudieran tener acceso a la educación. Tal proceso podría ser producto de la complicidad entre ambas. Al final, el hilo narrativo lo retoma la hija de Toña para hacernos partícipes de la risa de su abuela ante el bizcocho de cumpleaños que le traían sus nietos.

El próximo cuento analizado se titula “La cucaracha y el ratón en la biblioteca”. Con suma maestría, la autora lo ha elaborado sobre planos temporales. La acción se remonta a 1930. Pura Belpré comenta sobre lo inofensivos que son una cucaracha y un ratón. Luego llega un exterminador para fumigar unas sabandijas que creyó haber visto la recepcionista. El hombre “revisó el área, fumigó y no vio nada” (Denis Rosario 71). La empleada asegura que nunca los ha visto, sin embargo, Pura le muestra el camino por donde van, ante lo cual Bárbara le indica que la única que los ve era ella.

¿Quién es esta señora llamada Pura Belpré? , ¿Por qué alega “ver” una cucaracha y un ratón? La acción retrocede a 1921. Pura había llegado temprano para una entrevista de empleo. Todavía no había terminado sus estudios en bibliotecología; se presentó allí motivada por su profesora.
Llegó el momento de la entrevista. La directora comienza la conversación en inglés y le hace saber que su secretaria se confundió porque esperaban a otra persona. Una vez Pura comienza su respuesta, la directora la interrumpió: “Las plazas para empleados de mantenimiento están ocupadas. Si deja sus documentos, los referiré a la persona encargada con mucho gusto” (Denis Rosario 72). Pura, negra y puertorriqueña, simboliza al emigrante víctima de prejuicio racial. La figura de poder se representa castrante. La directora recalca que la plaza es para alguien que sea bilingüe. Pura demuestra su ventaja lingüística al hablar en español, idioma que la directora desconoce. Transcurrido un mes, obtuvo el empleo. Con el tiempo se convirtió en directora y encargada de la sala de niños.

El tiempo llega al 6 de enero de 1935. Todo está preparado para la presentación del cuento basado en la historia oral de la Cucarachita Martina y el Ratón Pérez. La sala está muy concurrida por niños. La asistente de Pura se sorprende porque cada vez aumenta el número. Pura intenta que perduren la cultura y costumbres puertorriqueñas. Por eso incorpora el recurso de sus marionetas para narrar. Se vale de una realidad, “los ratones son muy agiles y las cucarachas perduran” (Denis Rosario 75) para inculcar el sentido patrio de niños puertorriqueños en tierra extraña. Quiere mantener viva la tradición puertorriqueña. Pura se erige como una mujer de esfuerzo y superación.

Nuestra cuentista nos adelanta la muerte con el título, “Ficha: Anjelamaría Dávila”. Comienza la historia con la descripción de un cuerpo inerte, cuya cabellera “frondosa como fiera” (Denis Rosario 86) remite a su negritud. Poeta cargada de emociones, rebosante de lirismo y “agotada de tantos amores fallidos y de hombres infieles” (Denis Rosario 86). Cuando declamaba, recibía la ovación del público. Él siempre estuvo allí y hasta sentía orgullo de ser su amante. La autora establece una analogía entre Julia de Burgos y Anjelamaría Dávila mediante la incorporación de un fragmento del poema “Yo misma fui mi ruta”. Él sentía admiración e idolatría por ella. Su talento no podía compararse con el de ella. Gregorio reconoció la superioridad poética de su compañera. Llegó el momento. La sombra, arquetipo jungiano, aflora del inconsciente de Gregorio. La parte “oscura” con la cual combatió, triunfa. El narrador del cuento, investigador de ciencias forenses, acompaña a su amigo Gregorio mientras ejecuta la autopsia. Previamente, nos comparte los resultados de la investigación. Una vecina había escuchado un fuerte ruido la noche anterior. Averiguó, pero desde el interior Anjelamaría le respondió que estaría bien. Durante todo el día siguiente se escucharon las mismas canciones repetidamente y llamó a la policía. Le informó que Anjelamaría recibía visitas de un hombre muy elegante, en cuyo carro vio ropa blanca en un gancho. Al entrar, la casa estaba organizada, pulcra y provista de alimentos. Parecía que nadie hubiera estado allí. Solo la mesa del juego de sala no estaba en el centro. El cuerpo sin vida de Anjelamaría ocupaba su espacio . El olor impregnado era “a lavanda, a pacholí y a sexo” (Denis Rosario 90). Debajo de su cuerpo, para que no tocara el piso, había bolsas plásticas selladas. Cada una contenía un pedazo de papel doblado.

El investigador entrega la evidencia a Gregorio, quien firmó el recibo y le pidió que se quedara. Gregorio conocía como nadie aquel cuerpo: cada ángulo, hendidura, marca, tejido, toda la piel. Comenzó a declamar “la prosa interna del cadáver” (Denis Rosario 91). Incluso en lo patético de la muerte presta su voz para pronunciar la más simbólica relación entre órganos y sentimientos. Las comparaciones, similitudes e imágenes revelan el más detallado y minucioso conocimiento, no solo del cuerpo de Anjelamaría, sino de los “efectos” de sus pesares. La intertextualidad es triste, pero a la vez hermosa. En el último fragmento, Gregorio nos comparte las palabras finales de Anjelamaría:

Veo mariposas posándose en todo mí. Aleteando al unísono, no permiten que me vea. Me levantan. Estoy tan frágil. Huevos y orugas, cubren los orificios de mi cuerpo. ¿Dónde está el capullo del Amor? Ven, volemos a colores. Mira las suaves y finas alas que me recogen del lecho. El que fue de ambos. Abandonado. Sube, elévate como yo, sin piel, sin mente, solo alma. ¡¿Dónde está el mariposario?! ¡Debo desplegar mis alas! Ven Alois. (Denis Rosario 91)
Seguidamente, el doctor Gregorio Alois recibe una llamada de su siquiatra, a quien no puede atender. Termina la autopsia y firma el certificado de defunción. Limpió las bolsas plásticas con los trozos de poemas que no le pertenecían. Olvidó que tenía compañía. Partió a su casa, pero antes dejó sus batolas blancas en la lavandería. Su amigo lo siguió y no se percató. Ya en su casa, consumió los versos escritos por Anjelamaría y “se quedó esperando que salieran mariposas…” (Denis Rosario 92). Eso esperaba cuando fue arrestado.

Este relato nos presenta la mujer negra capaz de producir belleza mediante la palabra y que tuvo que abrirse paso en un mundo poético dominado por hombres. Resulto víctima del machismo. Gregorio la privó de su vida, cegado por la envidia.

De forma muy atinada, el cuento “Desahucio desde el palmar” comienza con el epígrafe de una composición musical de Tite Curet Alonso y Rubén Blades: “Su desahucio todo el mundo lo comentó. Justicia que en asesina se convirtió, tronchando la vida humilde de una mujer: la ley aplicada mal deja de ser ley.” Se expone el conflicto entre la figura de poder y Adolfina Villanueva Osorio, asesinada por la policía . La acción se traslada al 6 de febrero de 1980 en el barrio Tocones de Loíza, pueblo de raíz negra. Frente al palmar de su hogar estaba el contingente de policías para diligenciar la orden de desahucio. “Con sus dos manos libres, movió la aldaba de la puerta y salió. Me llamo Adolfina Villanueva Osorio. ¿Qué vienen a hacer aquí? – dijo firme” (Denis Rosario 93). Por respuesta recibió el proyectil que le privó de la vida.

De antepasados esclavos libertos, los padres de Adolfina vivieron en esos terrenos por más de sesenta años. El dueño de la finca nunca los sacó del lugar porque eran parte de esa tierra: “una generación que se esparce y afirma sus raíces” (Denis Rosario 95). Cuando el padre murió, su hijo empezó el pleito legal por los terrenos. Los padres de Adolfina desistieron y se marcharon. Solo ella, su esposo y sus seis hijos quedaron allí. Habían pasado años y el heredero reclamaba la totalidad del terreno. Existía también otro oponente, el cardenal de Puerto Rico, quien compraría el terreno como lugar de retiro espiritual.

Adolfina, quien sabía leer, recibió la sentencia por correo. Debía desalojar su hogar. Su abogado había recibido una copia y ella pensó: “Él debe saber y algo hará” (Denis Rosario 101). Días previos había soñado con policías que rodeaban su casucha y vio su cuerpo caer. La noche antes de su muerte estuvo intranquila, inquieta. El día siguiente llegó, Adolfina abrió y murió. Horas después, una pala mecánica procedió a derrumbar la frágil estructura que con su vida la mujer defendió. Entre los escombros “quedaba una ventana de aluminio llena de agujeros, acribillada” (Denis Rosario 103). Esta mujer negra de entereza y acto heroico fue víctima de un crimen por defender su hogar, enclavado prácticamente en la arena.

Capá Prieto constituye el rescate histórico de la negritud. Con su prosa sencilla, pero poética y sugerente, Denis Rosario nos ha llevado por el desarrollo de personajes femeninos negros. La exaltación de estas mujeres radica en su caracterización: trabajadoras, luchadoras, firmes y dispuestas a superarse. Entrelaza la historia y la ficción para afirmar la negritud puertorriqueña.

10 de diciembre de 2011

Notas

  1. Esta colección de cuentos obtuvo el premio Internacional de la Casa de Puerto Rico en España (CAPRE) en el año 2010.
  2. El premio Pura Belpré se denomina en honor a la primera bibliotecaria latina de la Biblioteca pública de Nueva York. Es concedido bienalmente a un escritor e ilustrador latino, cuyo trabajo captura la experiencia cultural latina en un trabajo para niños o jóvenes.
  3. Esta poeta no murió asesinada como en este relato, sino por un padecimiento pulmonar que se complicó por el mal de Alzheimer.
  4. En la carretera 187 del barrio Piñones en Loíza se pintó un mural en su honor en el año 2008. El mensaje escrito, junto a la imagen de su rostro, expresa: “Adolfina Villanueva, Piñones no olvida nada”.

Yvonne Denis Rosario. Capá Prieto. 2009. San Juan: Isla Negra, 2010. 114 pp. by Ana Zapata-Calle – University of Missouri-Columbia

 

Esta segunda edición de Capá Prieto se compone de doce episodios de relatos fragmentados acompañados de un prólogo escrito por Marie Ramos Rosado, doctora en literatura afro-hispánica en la Universidad de Puerto Rico-Rio Piedras. Ramos Rosado ha publicado el libro La mujer negra en la literatura puertorriqueña (1999) y se mantiene en una labor incansable para potenciar la escritura de la mujer afro-descendiente de la isla.

Yvonne Denis Rosario, actualmente estudiante de doctorado en la Universidad de Puerto Rico, se nos presenta en su primera novela, Capá prieto, como una fuente inagotable de creatividad y dominio técnico de la narrativa postmoderna. La escritura y la palabra de Denis Rosario resulta ser, además, la expresión personal de su propio arraigamiento a su identidad caribeña afrodescendiente. Como reflejo de ello, este libro profundiza en la historia, la contribución y la lucha por la supervivencia del negro en Puerto Rico, así como en las injusticias o el olvido en el que se lo ha mantenido en los discursos nacionales. También, la presencia de la mujer negra es importante en la novela, sacándola de la triple exclusión que ha sufrido socialmente, como pobre, como negra y como mujer.

El árbol capá prieto que da título al libro es nativo de las Antillas, Centroamérica y la mitad norte de Sudamérica. Al asociar este árbol con la historia del negro en Puerto Rico, Yvonne Denis Rosario reivindica el reconocimiento del africano y afrodescendiente como contribuidor fundacional del establecimiento de los Estados americanos, en concreto del puertorriqueño. El negro antillano, como el árbol capá prieto, ha desarrollado sus raíces y ha crecido en suelo americano, superando trabas como la esclavitud, el analfabetismo, la discriminación, o la injusticia. En este libro se reivindica la revisión de la historia contada, el reconocimiento de los olvidados, de los que han dado su trabajo y su vida, de los que han luchado y alimentado a la nación desde el margen, y de los que han creado artísticamente una expresión propia afro-antillana.

El relato se estructura mediante episodios fragmentados combinados diacrónicamente en un ir y venir de un siglo a otro desde los comienzos de la formación de la nación puertorriqueña en el siglo XVIII hasta el siglo XXI. Todos los episodios tienen en común la presencia vedada del negro que se rescata del olvido. El libro comienza con el testimonio encontrado en un archivo sevillano del negro Francisco Lanzos, Capitán de la Compañía de negros y pardos del ejército español en Puerto Rico en 1797. Lanzos registra los sucesos ocurridos a su compañía en una contienda llevada a cabo del 17 al 20 de abril de este mismo año en Loiza contra los ingleses. En esta batalla los negros se enfrentaron a los ingleses que llegaron en sus buques de guerra impidiendo que la isla pasase a manos anglosajonas en su intensa expansión territorial. Los negros se presentan al principio del libro como unos guerreros que con escasos recursos son capaces de expulsar a los ingleses en una guerra desigual. De la misma forma, el final del libro también acaba con el intento de conquista de los mercados isleños por parte de los ingleses ya en el siglo XXI, dentro del sistema económico neocolonialista de expansión comercial, con el propósito de instalar corporaciones controladas desde la metrópolis europea. Pero de nuevo, tres siglos después de su primer intento de conquista, los ingleses tendrán que someterse a la resistencia de los negros, quienes como abogados, serán los encargados de proteger los mercados puertorriqueños, ante la sorpresa del empresario con la que acaba el libro: “[m]i grupo de trabajo mostró señales de asombro, todos los abogados eran negros, como la gente de Piñones” (111). La sorpresa de este empresario inglés es causada por la no superación de los valores y prejuicios coloniales generados por los Estados modernos en cuanto a la raza y a la clase social, ya que el empresario no se sorprende de que haya negros que lo sirvan en un restaurante situado en el barrio pobre de Piñones, pero no se espera que estén al mismo nivel que ellos en las alturas del rascacielos donde tiene la reunión de abogados. En estos dos contactos con los ingleses, a pesar de su distancia en el tiempo, se ve al negro en posiciones de poder protegiendo los intereses de la isla. La autora crea, de esta manera, una estructura circular de la narración dentro de cuyo marco se insertan otras historias donde el pasado y el presente también se identifican, como si la realidad no hubiera cambiado sino superficialmente y se viviera en un eterno presente que aun no ha superado las estructuras coloniales.

Capá Prieto es una novela caracterizada por el multiperpectivismo que la llena de voces diferentes que descentralizan el relato para contar la experiencia colectiva del pueblo negro y su contribución en la formación nacional desde el periodo de la esclavitud hasta el presente.

Yvonne Denis Rosario se vale de la metaficción historiográfica para crear e insertar documentos aparentemente históricos que dan voz y autoridad a realidades que se han tratado de ocultar o excluir del discurso nacional, además de incorporar la subjetividad y sembrar la duda en la narración de la historia oficial. Así, en su libro, Denis Rosario no pretende hacer una novela histórica, sino una metaficcion que recupere la memoria de la colectividad negra de Puerto Rico, fundamentalmente de Loiza, mediante lo que el historiador francés Pierre Nora llama “Les Lieux de Memoire”. Manuscritos escondidos en murallas y recuperados siglos después, diarios escritos y olvidados, cárceles cuyas murallas guardan secretos y en las que murieron aquellos que disintieron del discurso oficial, fotos recuperadas, testimonios de octogenarios negros entrevistados por sus descendientes, cuentos de la tradición oral, u objetos diversos toman vida en una narración dialéctica entre lo recordado y lo olvidado en constante evolución y transformación. Es interesante cómo en uno de los capítulos la cárcel de La Princesa, actual oficina de turismo de San Juan, se personifica y asumiendo la voz narrativa cuenta el encarcelamiento del independentista afro-descendiente Pedro Albizu Campos y la Masacre de Rio Piedras en 1935. Y al igual que sus muros se ven restaurados y renovados en su eterno presente, el silenciamiento de las atrocidades que se cometieron dentro de ella también se logra al transformar un centro de torturas en un punto de encuentro turístico de entretenimiento: “ya mi futuro, me convertiré en un monumento histórico” (30), exclama la cárcel al ver que los turistas le toman fotos. Sera otra cárcel la que albergue a los que quieran cuestionar los discursos oficiales del presente o del pasado, como le pasa al historiador Francisco Santaella, quien encuentra el testimonio del combate acaecido en Loiza en 1797 en el Archivo General de Sevilla, y es apresado en Piñones el 17 de abril de 2007 acusado de robo cuando realizaba sus investigaciones para confirmar la veracidad del documento (22). El silenciamiento de la historia de los negros y la opresión se repite generación tras generación, pero de igual manera, la resistencia se perpetúa y se refuerza con cada injusticia. No hay un progreso del tiempo hacia el futuro, sino que las generaciones del presente miran hacia atrás y se identifican con los muertos buscando la memoria de sus antepasados, como le ocurre a una historiadora venida de Estados Unidos, quien llega a la casa de sus familiares el mismo día que su única tía muere y una vecina le confirma: “¡Eres idéntica a la difunta!” (60). Pero esta concepción circular del tiempo no solo se aplica a la experiencia de los personajes negros, también la experimentan los personajes blancos. De tal manera, un descendiente de la rica familia Gorrión sueña repetitivamente que esta mamando como un bebé de un pecho oscuro. Al remodelar su casa, en las pareces encuentran empotrado un manuscrito de un familiar lejano ya muerto y unas fotos junto a él. Es la historia del ama de leche de la familia, quien había alimentado y cuidado como una madre a los cuatro hijos de un viudo rico y que fue abandonada vieja y pobre una vez que los niños ya habían crecido. La conciencia de su injusticia se siguió transmitiendo en los miembros de las generaciones posteriores, hasta que quien encuentra los documentos exclama: “Terminé de leer en la penumbra, y entendí el sueño recurrente que nos perseguía a todos en la familia, a mis abuelos, mis tíos, mi padre y mis hermanos. Todos soñábamos lo mismo y se comentaba de generación en generación, ya sabía porqué. Hay una deuda que nunca se pagó” (40). En general este libro es una invitación al lector a pagar esa deuda con el reconocimiento, a investigar y recuperar la memoria perdida o acallada de los negros, como hacen los distintos historiadores que aparecen en el relato o los descendientes que tratan de recuperar su historia familiar. Para ello, cada capítulo está plagado de posibles documentos: fotos, manuscritos, actas de desahucio, archivos, cartas, o los cientos de periódicos y documentos almacenados por el Tío Luis por encargo de Arturo Alfonso Schomburg, donde también se encuentra un diario militar con una relación de los muertos y heridos de la batalla de 1797 en la Boca de Cangrejos, Loiza, con la que se abre el libro (68-70).

Otras dos aportaciones de este libro son, por un lado, la llamada a la valoración de los artistas negros, igualmente relegados y mantenidos en la pobreza, como así ocurre con el guitarrista Felipe Rosario Goyco, el declamador Juan Boria, y la poeta asesinada Anjelamaría Dávila. Por otro lado, la visibilidad de la presencia y lucha de la mujer negra en la isla. La incorporación de la muerte de Anjelamaría no parece ser aleatoria en la novela ya que muestra la opresión de la mujer, aun más olvidada y reprimida que el hombre negro. Además de a la poeta, también se asesina con la complicidad del gobierno y de la Iglesia Católica a otro personaje, Adolfina Villanueva, por resistirse al desahucio de su casa. Otro caso donde la represión de la mujer se ve evidenciada es la historia de Mercedes, mujer que vivió sometida a su padre y a su hermano y a las normas sociales y no conoció nunca la libertad, ni siquiera para poder desarrollar su amor con el músico Don Felo. El caso de este personaje es interesante porque denuncia la opresión incluso dentro de su propia comunidad negra que reproduce igualmente los esquemas patriarcales con tal opresión que acaba volviéndose loca. Mercedes se convierte en un mueble en proceso de deterioro dentro de su propia casa:“[t]odavía permanezco en el lugar que mi padre construyo para mí. El comején que de todo se había apoderado, ya sube por mis piernas… pronto dejare de respirar…” (59). Si su hermano Luis se dedica a recopilar la historia de los negros a través de los documentos que le envia Schomburg, invadiendo su casa con ellos, a la mujer negra incluso se la arrincona y expulsa del relato de la historia de su pueblo negro.

Otros son los ejemplos en el libro de mujeres que sobreviven a la represión y luchan por superar el analfabetismo y estudiar para hacerse oír. Entre ella, hay artistas e investigadoras que, como la sobrina de Mercedes, regresa a su casa familiar antillana para recuperar su historia y dar la voz a aquellos que no la tuvieron. También la diáspora en Nueva York tiene su lugar en esta novela con la presencia de la bibliotecaria Pura Belpré, quien transmite la tradición oral puertorriqueña como contadora de cuentos. Con respecto a la aportación de la mujer escritora negra, Yvonne Denis Rosario sigue la línea de otras escritoras puertorriqueñas como Ana Lydia Vega con Falsas crónicas del sur (1991) o Mayra Santos-Febres con Fe en disfraz (2009) en su lucha por dar visibilidad a la labor y opresión de la mujer negra del ayer y del hoy mediante la metaficción historiográfica.

En definitiva, con este libro, Yvonne Denis Rosario confirma su posición como escritora puertorriqueña ofreciendo su escritura como parte del legado afro-hispano. En él, mediante el formato misceláneo de distintos tipos de documentos, se recoge, con una prosa muy bien cuidada y hasta poética, el sentir de un pueblo que todavía reivindica su lugar e identidad puertorriqueña y que sigue luchando por lograr la superación de los valores coloniales aún vigentes en cuanto a cuestiones de raza, género y clase.

Tomado de Palara – 2011 FALL Number 15

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Yvonne Denis en twiteer…

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